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La marcha de un inspirador: Leonard Cohen

La última vez que Leonard Cohen vino a Barcelona corrí a comprar entradas para todos los de mi casa. Y cuando lo comenté con ilusión a un amigo –con quien compartimos muchas cosas, pero no mucha cultura musical– me respondió con respeto que él no le encontraba el interés. Me parece que entonces no le supe explicar por qué Cohen nos gusta tanto. Hoy lo volveré a intentar.

Un mito de la música

Está la voz. Una voz característica, sobre todo a partir de Various positions (1984), cada vez más grave, sin llegar casi nunca a ser rota. Que con los años, con la vejez, ha sabido ir ganando profundidad, potencia evocadora, capacidad de seducción. Aquella capacidad de decir que tienen ciertas voces, como la de Nick Cave o Roger Mas, como la de Sinatra o Lluís Soler, que cautivan y turban solo con escucharlas.

Está la música. La música y los arreglos con que nos llega, al menos desde Recent songs (1979), si no antes, donde se destacan, por ejemplo, unos coros de voces de mujer puntuales y oportunos. Una música que mucha gente debe de encontrar aburrida pero que para mí tiene mucha fuerza espiritual, como aquellos cantos que te acogen y te abrigan y te transforman. Porque son capaces de llevarte siempre algo más arriba de donde estabas antes.

Y están las letras, claro. Unas canciones que a veces explican pequeñas grandes historias personales (‘Hey, that’s no way to say goodbye’, ‘Famous blue raincoat’), algunas otras son poemas de introspección cargados de imágenes reveladoras (‘Bird on the wire’), o que ofrecen plegarias oscuras con relámpagos de esperanza (‘Who by fire’, ‘Anthem’). Unas canciones que encuentran el estallido de sentido en simples oposiciones (‘There is a war’, ‘You know who I am’) o en enumeraciones un punto dislocadas (‘Everybody knows’, ‘I’m your man’). En afirmaciones terribles (‘he hecho caer a todo el mundo que me ha tendido la mano’) dichos con tanta suavidad que sólo pueden ser auténticos. Que son palabra poética. Porque Cohen fue primero poeta (y novelista, y letrista) que no cantautor, y nunca ha dejado de ser poeta.

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