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Los mejores diseños en 50 años

La aceitera de Rafael Marquina, la motocicleta Impala, el exprimidor de naranjas Citromatic o el invisible aparato de corrección de ortodoncia Carriere Distalizer son algunos de los objetos que se exhibieron en el Palau Robert en una exposición sobre los últimos 50 años de diseño industrial en España.

Los comisarios de la muestra, Uli Marchsteiner y Viviana Narotzk, recogieron más de 150 piezas con el objetivo de mostrar la evolución del diseño en el país y, a la vez, la estrecha relación que existe entre esta disciplina y el momento histórico, político y cultural del momento. Junto a los materiales distribuidos en diferentes espacios, en función de la década en la cual fueron ideados, también se pueden ver cinco piezas audiovisuales, en que, por ejemplo, un joven Javier Mariscal degusta un café con leche y unas galletas en unas tazas y unos platos diseñados por él mismo.

Una muestra de calidad

De la exposición también se extrae la conclusión que si al principio el diseño era una preocupación de minorías, ahora forma parte de la vida cotidiana, desde una silla a una lavadora, y tiene un importante peso en el sector industrial.

Junto a cada uno de los objetos hay un pequeño texto con fragmentos de las actas del jurado sobre por qué fueron premiados. En el caso del aparato de corrección de ortodoncia Carriere Distalizer, se indica que se escogió por la “discreción, eficiencia y adecuación de materiales en beneficio del usuario, a quien ahorra la incomodidad y el efecto poco estético de las prótesis convencionales”.

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“El diseño quiere estar cerca de la sociedad”

Precisamente, Uli Marchsteiner ha destacado cómo al principio se distinguían objetos “muy industriales” como la moto Impala o un extractor de la empresa Soler & Palau, mientras que en los últimos años se consolida el llamado “ecodiseño”, que tiene mucho cuidado con los materiales que utilizan y su uso práctico. Según su parecer, esto es debido a que “el diseño quiere estar cada vez más cerca de la sociedad, de los usuarios”.

Entre los años sesenta y el siglo XXI, la exposición da fe de los contrastes de los años setenta, en los que se combinan el final del franquismo y el funcionalismo con la explosión cultural y política de la Transición. En los años ochenta se consolida un nuevo momento político y se adjudican los Juegos Olímpicos de Barcelona, un hecho que provoca que la palabra diseño invada los medios y se convierta en un símbolo de contemporaneidad. Con el diseño ya consolidado y las empresas del sector estabilizadas, en los noventa, según prosigue Marchsteiner, “los productos cogen un aire más de mercado, mucho más internacional, con una importante demanda”. La última década es la de la tecnología y la de la “multiculturalidad”, destacando los productos premiados por su aspecto “ligero y homogéneo, que en algunos casos inviten el usuario a adoptar hábitos más saludables o socialmente responsables”.

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